...tuve un orgasmo con ÉL
No era ni la primera vez que tenía sexo con un hombre, ni la primera vez que disfrutaba del sexo. Pero no tuve conciencia hasta aquel día de lo que significaba ponerle la guinda al pastel de una noche de pasión. Sigo sin creer que el orgasmo es el único objetivo del sexo, me quedo con el antes, pero reconozco que después de aquella vez, creo un poco más en el Dios del Orgasmo. Tuve la suerte de estar con un chico entregado y que a su vez sabía respirar por la nariz (parece fácil, pero muchas cosas parecen fáciles como desabrochar un sujetador y para algunos puede ser un auténtico reto. He visto ingenieros que les cuenta menos sacarse la carrera que aprender el mecanismo de un sujetador o de un liguero).
Media hora (no me gusta mirar el reloj mientras que tengo sexo, pero se merece un reconocimiento) llevaba comiéndome hasta las entrañas cuando empecé a sentir una especie de calambrazos (de placer) que comenzaban en mi clítoris y iban ascendiendo hasta mi ombligo. Mis muslos empezaron a presionar su cara y comencé a estremecerme. No sabía lo que estaba pasando. No podía parar de decir su nombre entre gemidos, sentía que iba a explotar. Le suplique que siguiera, le grite que me iba a correr. Y se acabó. Mis músculos cobraron vida propia (o eso creo porque deje de sentirlos). Toda mi sangre estaba concentrada en el mismo lugar. No podía hablar, no podía moverme. Aún así, el siguió escéptico hasta que apreció las consecuencias de mi gran orgasmo en su cuello y en su pecho.
He de decir que orgasmo como aquel, no he vuelto a sentir nunca, ni sola, ni con mis juguetitos que tan gran equipo formamos juntos. Esta sí fue una primera vez legendaria.
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