Gran película. A algunos les quita el sueño, a mí aquella noche me quitó las ganas de dormir.
Vuelvo al salón y está la luz apagada. Pensando que él ya se habría marchado para la cama entro a coger mi bolso. En ese momento sale de detrás de la puerta y me agarra por detrás. Le digo “¿Tienes ganas de jugar”, me dice que me calle. Acto seguido me sienta en el sofá y te ata las manos con una cuerda. Me pone un trozo de cinta adhesiva y se marcha del salón cerrando la puerta. Vuelve abrirla minutos después y me doy cuenta de que ha apagado el resto de luces de la casa. No le veo, no se dónde está pero siento su olor. En ese momento oigo el sonido de un abridor destapando una cerveza. Me agarra y me tumba en el suelo. Siento la cerveza helada cayendo a chorros por mi cuerpo que está ardiendo. Me comienza a chupar y morder todo el cuerpo y acercándose a mi oreja me reproduce el sonido de dientes de Hannibal Lecter. Nunca he tenido tantas ganas de que me haga el amor en mi vida. Pero no opta por ello, prefiere introducir dentro de mí la boquilla del botellín de cerveza que me ha tirado por el cuerpo. Lo gira, lo saca, lo vuelve a meter. Me hace el amor con la botella.
¿Cómo no voy a tener pesadillas después de ver el Silencio de los Corderos?
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